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Abriendo las venas del día de San Valentín, velado por la pandemia del covid-19. Por Minette Argüell


Los amantes, obra del pintor surrealista Rene Magritte, elaborada en el año 1928. Esta inquietante obra nos evoca al amor prohibido, secreto, ciego, incluso asfixiante, pero que, en estos tiempos de distanciamiento social por pandemia, la obra vuelve a retomar una importancia sumamente significativa, debido a las necesarias restricciones en este San Valentín, asociadas al uso cotidiano del cubrebocas que este 14 de febrero aluden perfectamente a esta obra.


Acabamos de celebrar este 14 de febrero el día del amor y la amistad, festividad de gran trascendencia a nivel mundial y conocida con otros nombres acorde a la región donde se festeje. A pesar de que este año se celebró de manera distinta por las medidas de aislamiento como protección ante la pandemia por covid-19, vale mucho la pena conmemorar ese día aludiendo a las creaciones artísticas que a lo largo de la historia han abordado el concepto del amor, tema que ha llamado mucho la atención entre artistas y pensadores. Ha sido tal la relevancia del tema, como para haber sido ligado a las interpretaciones del mundo que nos rodea a través de la mitología y la religión.

Vale mucho la pena adentrarse un poco en los antecedentes de esta celebración, para entender más a fondo su impacto que sigue vivo en nuestros días.

La tradición de conmemorar a San Valentín proviene desde finales del siglo V, acuñada por la iglesia católica dentro de su calendario litúrgico, basándose en las leyendas sobre San Valentín de Roma. A pesar de que hay por lo menos 3 identidades distintas sobre quién fue San Valentín, la más aceptada es la que lo relata como un sacerdote Romano, contemporáneo al mandato del emperador Claudio II en el siglo III. Este emperador prohibía que los jóvenes contrajeran matrimonio, con la intención de que no tuvieran ataduras familiares, ni vínculos sentimentales y así fuesen mejores combatientes al ser reclutados como soldados. Pese a tal prohibición, San Valentín se dedicaba a casar a las parejas en secreto y así convertirlos al cristianismo.

Tras ser descubierto, San Valentín fue arrestado y condenado a muerte por el emperador, por lo que el 14 de febrero del año 269 fue lapidado y decapitado. Con este acto la iglesia hace oficial su conmemoración el 14 de febrero, aunque se piensa que esta conmemoración fue instaurada convenientemente por el papa Gelasio I, con la intensión de erradicar la celebración pagana de las Lupercales, en la que se sacrificaban perros y cabras para elaborar látigos de sus pieles, los cuales eran bañados en la sangre del animal y los niños azotaban con estos a las mujeres para garantizar su fertilidad. Esta festividad tenia lugar el 15 de febrero y quedo en el olvido gracias al día de San Valentín.

Ante la falta de pruebas históricas sobre este mártir, su existencia quedo en discusión por la iglesia católica, por lo que la festividad fue eliminada del calendario eclesiástico en 1969, eliminando del santoral a aquellos santos de origen legendario. Aun así, la celebración era tan importante que se globalizo festejándose de manera independiente a la religión, adquiriendo matices interesantes según la región donde se celebre.

Tan importante ha sido la necesidad de expresar las virtudes y consecuencias del amor, que gracias a ello tenemos un descomunal acervo de obras de toda índole que ensalzan esta emoción, la cual se utilizó en diversas culturas que se han encargado de hacerla presente a través de su cosmogonía, explicada en los importantes hallazgos arqueológicos de diversas partes del mundo. Ejemplo de ello lo encontramos en los relieves eróticos en Khajuraho en la India, relieves que interpretan a la unión entre dos seres como una fusión más allá de un acto sexual, simboliza la creación del mundo por los Dioses y afianza igualdad entre hombre y mujer.

Otra pieza que eleva al amor como un acto sublime lo encontramos en una de las esculturas neoclásicas más famosas realizada en 1793 por el artista Antonio Canova “Psique reanimada por el beso del amor”. Obra que es una adaptación del amor entre la princesa Psique y Cupido a través de esta tierna escena.

En el beso de Auguste Rodan esculpida entre 1888 y 1898, es admirable el cambio de intención de esta obra que formaría parte del conjunto de piezas que conforman la puerta del infierno (obra del mismo autor que ilustra escenas del infierno de Dante), para que esta pareja conformada por Francesca da Rimini y su cuñado como amante. mencionados en la obra de Dante, protagonicen su propia escena.

El beso del pintor Francesco Hayes, elaborado en 1859, derrama una atmosfera de romanticismo, así como la sensación de la despedida entre estos amantes ambientados en la sobriedad de una atmosfera medieval.

El tema del amor es tan amplio que no solo se cierra al ámbito de una pareja de amantes, en esta obra llamada Beso entre hermanas, el pintor francés William Adolphe Bouguereau, nos deleita con una tierna y conmovedora escena del amor fraternal hacia alguien tan cercano como un hermano.

En la obra La virgen y el niño del pintor Metsys Quentin, oleo sobre tabla del año 1529, nos hace una interpretación del amor entre madre e hijo, amor manifestado por un tierno beso del niño cuyo ser depende del vínculo materno.

Si miramos en el arte asiático podemos encontrar en Japón numerosas escenas de la pintura ukiyoe representan a la mujer enamorada con una carta en las manos. Escenas de cortesanas y amantes en las que alguien esconde o descubre una carta, tema que se volvió muy común en este estilo de pintura.

Imagen atribuida a San Valentín desposando parejas, sin información de autor.


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