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Arte digital. Detrás de la obra hay un código de ADN. Por: Minette Argüello


Imagen de Farid Ghanbari.


En esta actualidad la innovación en cuanto a recursos tecnológicos se encuentra cada vez más al alcance de las personas, facilitando de una manera impresionante varias de nuestras tareas cotidianas. En el caso del quehacer artístico la tecnología se ha convertido en un excelente aliado al servicio del arte para diversificar las experiencias estéticas en los espectadores, quienes ya no solo contemplan la obra, si no que ahora tienen la posibilidad de acercarse mas a ella a través de la interacción.

Así como en las artes tradicionales se requiere de una técnica o método para transformar un material en un objeto que transmita un mensaje o significado, el uso de la tecnología se convierte también en un procedimiento que nos brinda la posibilidad de crear como lo manifiestan los artistas que incursionan en este arte y quienes no encuentran gran diferencia entre las posibilidades que aporta una paleta gráfica y un pincel.

El uso de herramientas tecnológicas en virtud del arte consiste básicamente en el aprovechamiento de las opciones que nos ofrece nuestro instrumento de creación que en este caso será un computador para reinterpretar la percepción que tenemos del mundo que nos rodea, trasladándolo a un mundo virtual construido por minuciosos programas vectoriales y graficadores logrados a partir de cálculos matemáticos por los programadores en virtud de enriquecer las posibilidades de trabajo para el artista en su proceso de creación, naciendo así una disciplina artística llamada “Arte digital”.

La intención de producción de la obra suele ser similar a la del artista tradicional, como en el caso de pintura digital donde la obra se crea imitando las formas, técnicas y estilos de la pintura tradicional, pero utilizando el software de una plataforma informática.

Dentro de sus características mas notables podemos destacar una ruptura total de la representación clásica de los objetos, pues detrás del objeto representado se encuentra un código matemático que da forma a la imagen que percibimos, lo cual es muy interesante pues el código es comparable a un código genético, como si la obra adquiriera un ADN propio. Otra cualidad muy interesante es la recreación de la realidad como la concebimos y poder manipularla en la creación de mundos alternativos virtuales que, aunque no son tangibles, adquieren una realidad extraordinaria por medio del estudio de la física del entorno y los comportamientos de los objetos en el mundo real. Otro gran avance es el adquirir un carácter interactivo en el que el publico se enlaza mas directamente con la obra, enriqueciendo la experiencia estética replanteando su manera de concebir el mundo más allá de como lo conocemos.

Aún hay ciertas inquietudes y cuestionamientos sobre el tema, pues se pone en juicio si en verdad estamos contemplando una obra de arte o solo un capricho visual de la moda tecnológica del momento, pero si el resultado cumple con transformar la manera en la que vemos o percibimos la imagen y cumple con su proceso de comunicación ante el espectador, entonces podríamos estar contemplando un trabajo de valor artístico.

Tal como en las artes convencionales, el arte digital también se extiende a varias disciplinas dentro de las que podemos mencionar las siguientes:

Ilustración 2D y 3D.


Alexander Krotkov.


Farid Ghanbari.

Pintura.

Proceso de pintura digital por Luisa Preissler.


Retrato digital por José Ochoa.


Modelado en 3D.

Adam Martinakis.


Adam Martinakis.

Instalación con proyecciones y paneles.

Fuera de límites, instalación del colectivo japones Team Lab.


The pool por Jen Lewin.

Arquitectura.

Diseño por Richard Moreta.

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