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Fotografía post mortem. Por: Minette Argüello


Retrato de una niña fallecida en Rochester (Nueva York, Estados Unidos), de 1912. COLECCIÓN CARLOS ARECES


Al rastrear la historia de la producción de imágenes, nos encontramos con que la muerte desempeñó un papel importante en la determinación humana de inventar registros que sirvieran de medio para la memoria, allí donde el culto a la muerte exigía un medio para la presencia. En la medida en que la fotografía mostró el medio de solemnizar esos momentos culminantes de la vida social en los que el grupo reafirma su unidad, se inscribió asimismo en el circuito de intercambios ritualmente impuestos el duelo, así como en las demás grandes ceremonias de la vida familiar. Se trata de situaciones en las que la fotografía desempeñó funciones que preexistían incluso a su aparición, como la de la solemne y eternizar el recuerdo mortuorio, un momento importante dentro de la vida colectiva.

El hecho de fotografiar muertos tiene antecedentes prefotográficos en el Renacimiento, donde la técnica era el retrato por medio de la pintura en el llamado memento mori, frase en latín que significa "recuerda que eres mortal". En la historia del arte era utilizado para la representación de los difuntos; otra técnica de la época medieval donde se concebía que el fin era inevitable y había que estar preparados. La composición de retratos de muertos, especialmente de religiosos y niños se generalizó en Europa desde el siglo XVI. Los retratos de religiosos muertos respondían a la idea de que era una vanidad retratarse en vida, por eso una vez muertos, se obtenía su imagen. En estos retratos se destacaba la belleza del difunto y se conservaba para la posteridad. Los retratos de los niños, en cambio eran una forma de preservar la imagen de seres que se consideraban puros, llenos de belleza y eran la prueba misma de que la familia del desafortunado niño, había sido elegida para tener un "angelito" en el cielo.

La concepción de la muerte ha generado a lo largo del tiempo sus particulares expresiones culturales como ocurre en México, en donde podemos encontrar diversas tradiciones relacionadas al tema del descanso eterno, algunas se mantienen como el altar de muertos que mezcla la gastronomía con elementos visuales, mientras otras se han ido perdiendo como lo es el caso de la fotografía de difuntos en su expresión estética dominando más en su uso policiaco o de investigación de crímenes.

Hay muchas personas que consideran macabra la tradición de estas duras pero delicadas fotografías de difuntos, y más aún si son retratos infantiles, aunque su intención nunca ha sido esa, sino la de ser un testimonial visual sobre la "muerte ritualizada" y "el amor que rodea el acto" del último adiós. Recuerda que "la necesidad del culto a la memoria viene desde la antigüedad" y que cuando nació la fotografía, en el S. XIX, se incorporó rápidamente como herramienta eficaz, porque la pintura y las máscaras funerarias no estaban al alcance de la mayoría.

se puede señalar que diversos sectores de la sociedad mexicana llegaron a requerir la presencia de un fotógrafo en el funeral para retratar por última ocasión a la persona, logrando que el retrato supliera su ausencia en la familia, confrontando así la pérdida del ser querido.

A continuación, una selección de imágenes que ilustra algunos ejemplos de este tipo de fotografía.

Esta fotografía de comienzos de los años treinta del siglo XX ilustra cómo en ocasiones la familia posaba con el difunto para la imagen de recuerdo. COLECCIÓN DE CARLOS ARECES

Tascón. Fotografía Rodríguez, 1897, Biblioteca pública Piloto.

María de J. Villegas G. Benjamín de la calle, 1929. Biblioteca pública Piloto.

AGN, Fondo fotográfico Díaz, Delgado y García, tema: funerales.

Archivo de fototeca Pedro Guerra.

Fotografía de joven muerta con sus padres.

El muerto “posa” en el estudio fotográfico. Se ve el aparato que le sostiene la cabeza

Domingo Faustino Sarmiento, a pocas horas de su muerte, en septiembre de 1888, en Asunción

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