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La interpretación de la muerte en el arte. Por: Minette Argüello


Fragmento del beso de la muerte, atribuida a Jaume Barba, localizada en el cementerio de Poblenou en Barcelona España. 1930.


Estamos celebrando el día de muertos en México y aunque a la muerte suele ser vista de una manera lúgubre y sombría, en nuestro país tenemos la costumbre de hacer una celebración muy colorida y alegre que nos hace apreciar a la muerte de una manera mas amable, pues la única certeza que tenemos asegurada es la de que todos los seres vivos mueren.

A lo largo de la historia de la humanidad, el tema de la comprensión de la muerte se ha convertido en un dogma muy analizado por todas las culturas, religiones y diversas posturas de pensamiento, generando una gran diversificación de interpretaciones para dar respuesta la pregunta universal ¿Qué pasa después de morir?, apaciguando esta búsqueda de conocimiento a partir de la imaginación para tratar de comprender la vida después de la muerte.

El conocimiento científico siempre se ha esforzado por encontrar la respuesta mas certera y razonable ante el tema, aunque con el paso del del tiempo se ha mantenido encendida la motivación de pensadores y artistas por manifestar sus aportaciones respecto a la muerte a partir de la filosofía, la literatura, la música, las artes escénicas, las artes plásticas y las artes visuales para interpretar y dar vida a el amplio abanico de explicaciones que transitan desde el ámbito mitológico al religioso, el costumbrismo popular y las interpretaciones personales.

El arte sobre la muerte nace como resultado del universo de posibilidades para interpretar el tema, favoreciendo un gran acervo de obras que atienden a las inquietudes que requieren ser resueltas sobre la muerte, resaltando diversos tipos de miedos derivados a lo que acontecerá después de dejar el plano terrenal, como el miedo a que el alma sea condenada por alguna divinidad, por lo que las personas con poder adquisitivo realizaban generosas dádivas y oblaciones para la iglesia dentro de las que se patrocinó la comisión de obras de arte para la iglesia y así ganar indulgencias ante Dios.

El miedo al olvido detono en diversos encargos de obra de arte que constatara que la persona fue importante y le garantizara ser recordada y reconocida por medio de la realización de obras como los monumentos, mausoleos, máscaras mortuorias, pinturas, esculturas, odas, efigies, elegías, requiems, oratorios y marchas fúnebres que manifiestan que anestesian este temor. Es muy notoria la proliferación de la escultura fúnebre que corona las tumbas de cementerios que son apreciados como galerías de arte alimentando la cosmovisión de la humanidad sobre la muerte.

Si miramos hacia las entrañas de la celebración del día de muertos en México, es muy curioso saber que mientras que mientras que en la iglesia católica se prepara a la persona en vida para complacer a Dios y ser juzgados en consecuencia de nuestros actos para ser acreedores al paraíso celestial, los pueblos mesoamericanos creían que el destino de las almas de los muertos estaba determinado por la manera en la que la persona murió y no por su comportamiento en vida. El proceso de colonización nos llevó a un intercambio cultural cuyo desenlace fue traducido en una fiesta llena de folclor y buen humor ante la muerte, aunado a la veneración, luto, homenaje y respeto hacia nuestros seres difuntos.

Los medios de comunicación como la televisión, suelen sobre estimular a través de imágenes el acercamiento hacia lo que concebimos como muerte, influyendo en el impacto que genera el tema en cada uno de nosotros; Sin embargo, cuando estamos frente a una obra que aborda el tema, se genera una intimidad que nos vincula a la creatividad con la que el artista nutre nuestra manera de apreciar a la muerte.

A continuación, una selección de obras que nos ilustran sobre las diversas interpretaciones y culto sobre la muerte.


El poder de la muerte, William Holbrook.


Las horas (la eternidad y la muerte), Xavier Melley, 1890.


La clase de anatomía del Dr. Nicolaes Tulp, Rembrandt, 1632.


Bodegón Vanitas de Pieter Claesz, 1630.


La fragilidad humana, Salvator Rosa, 1657. Una alegoría donde se firma un contrato con la muerte desde que nacemos.


La ofrenda, Saturnino Herrán, 1913.


La muerte de la virgen, Caravaggio, 1606. (Los seres divinos también mueren).


Phoebe está muerta, Michael Stavros, 2010. (Una reflexión sobre la muerte infantil).


Las tres edades y la muerte, Hans Baldung, 1541-1544.


El juicio final, Van Eyck, 1430.

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