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Michael Wilkinson. Esculturas que nos transportan a otra dimensión. Por: Minette Argüello


Cristal de fuego, 2000.


Hoy en día la diversificación de los materiales sigue sorprendiéndonos y la creatividad de los artistas para aprovechar estas nuevas alternativas para ampliar nuestras emociones como espectadores ante la obra, resulta ser bastante interesante.

La escultura figurativa es un tema que se ha ido perfeccionando a lo largo de los siglos hasta alcanzar el mayor realismo posible, los materiales más comunes para la creación de la obra escultórica como las arcillas, los metales, la piedra y la madera se han mantenido en uso hasta la actualidad, perfeccionándose los procesos de manufactura. Las ventajas del descubrimiento y manejo de materiales novedosos han ampliado las posibilidades de creación plástica volviendo más minucioso el desarrollo de la obra.

El caso particular del escultor Michael Wilkinson es un extraordinario testimonio de la armonía entre las nuevas alternativas de materiales en comunión con el estudio del arte figurativo. Michael Wilkinson nacido en California, se forma en estudios de arquitectura. Sus habilidades para el dibujo le impulsan a trasladarse a Japón para ponerse al servicio de la fuerza aérea como ilustrador, empapándose de la cultura y encanto del arte japonés. Mas adelante viajaría por Europa para nutrirse de la influencia del arte occidental a través del estudio de las obras de los grandes Maestros griegos e italianos.

A su regreso de Europa se establece en Nueva York donde hace a un lado su carrera como arquitecto para concentrarse en la práctica y experimentación de su técnica escultórica, definiendo así su evolución sobre las ideas acerca de su estilo en el arte. Durante años se dedicó al modelado en arcilla y vaciado en bronce, encaminando su producción artística en una categoría llamada Realismo romántico (combinación de elementos del romanticismo con el realismo) inspirado por el manifiesto romántico de la escritora Ayn Rand quien define el realismo romántico como un retrato de vida a partir del cómo podría y debería ser la vida en contraste con la fantasía. Es así como se solidifica su teoría estética del arte.

Fue a finales de la década de los ochenta que comienza a trabajar con el acrílico fundido, una vez que descubrió las posibilidades que ofrece este material no se separó de él, volviéndose un precursor de esta técnica.

El resultado de la influencia que tuvo por parte de ambas culturas, se vería reflejado en su trabajo artístico donde retoma la herencia de su aprendizaje del arte clásico occidental aunada a la delicada sencillez del arte oriental aprovechando las cualidades de transparencia de este material generando una especie de cuarta dimensión para crear mundos oníricos que encapsulan una escena que parece haber quedado atrapada en el tiempo, quizá en una alegoría de lo que es la vida espiritual alejada de la presencia física.

Las obras de Michael Wilkinson se encuentran en muchas colecciones públicas y privadas, y se exhiben en galerías de arte de todo el mundo. Vive y trabaja en Nueva York y realiza varias exhibiciones de su obra cada año, aparte de utilizar los beneficios que ofrecen las ventas en portales de internet, para hacer llegar la obra a su público interesado.

A continuación, algunas de sus obras en acrílico.


Cascada de luz, 1998.


Futuridad, 1998.


Paisaje lunar, 1999.


Promesa, 2006.


Imagina, 2007.


Para siempre, 2008.


Nuevo amanecer.


Momento en el tiempo.


Viaje.

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