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Orfeo y Eurídice, arte que recrea un amor mitológico. Por: Minette Argüello


Orfeo y Eurídice por George Frederic Watts.


Estamos en la semana en que se conmemora la festividad del día de San Valentín, por lo que es un buen pretexto para aludir a un mito griego respecto al tema del amor que trasciende sobre la muerte. Este mito adquirido tal popularidad, que ha servido como tema de interpretación plástica entre los artistas que aportaron una gran cantidad de obra plástica, así como la creación de una ópera sobre este tema.

Orfeo es uno de los héroes griegos más conocidos. Fue hijo del Dios Apolo (Dios de las artes) y la musa Calíope (musa de la poesía y la elocuencia), unión de la que Orfeo obtendría sus talentos como musico y poeta que le harían destacar en diversos relatos. Apolo le obsequio su primera lira que sería su instrumento característico con el que embelesaba al mundo. Uno de los relatos más destacados sobre Orfeo, fue el viaje que hizo con los Argonautas desviando su atención del canto de las sirenas al opacar sus cantos con su música, evitando así cayeran víctimas de ellas.

Después de haber incursionado en varias aventuras, Orfeo se refugia en Tracia donde se enamora de la ninfa Eurídice, quien le correspondió casándose con él, disfrutando de un amor único y apasionado. Eurídice no podía desvincularse de sus costumbres como ninfa, así que solía visitar el bosque y a sus compañeras ninfas. Un día salvó a un cervatillo del cazador Aristeo, quien enfurecido con ella le pidió se redimiera con el besándole, pero Eurídice se negó y corrió para huir de él. Para su infortunio fue mordida por una serpiente venenosa, lo que propicio su muerte.

Orfeo desconsolado por la muerte de su esposa, se aventura a ir a buscarla al inframundo. Con su bella música logro convencer a Caronte de permitirle atravesar el rio Estigia (límite entre el mundo de los vivos y los muertos), también logró adormecer al can Cerberos, guardián del inframundo y una vez en la presencia de Hades y Perséfone, gobernantes del inframundo, logró convencerles con su música para que le permitieran llevarse a Eurídice, petición que le fue concedida con la condición de que el fuera al frente y no intentara voltear a ver a su esposa, hasta que hubieran alcanzado la luz del sol, de lo contrario Eurídice seria devuelta al inframundo.

Emprendieron el camino de salida, pero Orfeo tenía la inquietud de que Perséfone le hubiera engañado y en lugar de llevar a Eurídice detrás de él, pudiese estar acompañado por un demonio del inframundo, por lo que, al estar a punto de llegar a la salida, no pudo con la tentación de voltear a ver quién le acompañaba, provocando que Eurídice fuera arrastrada de nuevo hacia el Hades, perdiéndola para siempre.

Desconsolado y sin motivo alguno por el cual vivir, Orfeo vagó por el mundo con su lira hasta toparse con las Bacantes, quienes intentaron seducirlo, pero se sintieron rechazadas ante su negación por el recuerdo de Eurídice, por lo que enfurecidas le despedazaron sin que el pusiera resistencia alguna, pues solo su muerte le liberaría para encontrarse de nuevo con Eurídice.

Todos los mitos aluden a las debilidades emocionales y pasionales que compartimos como seres humanos, para enseñarnos una lección. Este mito refleja la impotencia de no poder evitar la pérdida de un ser querido y aunque el héroe trata de cambiar su destino, no consigue lograrlo, entendiéndose como una invitación a aceptar los sucesos infelices de nuestra vida, así como lo que no podemos cambiar.

La tentación y curiosidad de Orfeo fueron lo que le llevo a perder a Eurídice, por lo que evitándolas se puede seguir avanzando en el camino con mayor confianza y sin mirar atrás para no permitir que todo se derrumbe. Esto se logra atendiendo al presente, es decir, concentrando nuestra atención en el aquí y el ahora para lograr nuestros objetivos.

El mito de Orfeo y Eurídice nos recuerda que el amor persiste por encima de todo, incluso de la propia muerte. Cuando alguien ama verdaderamente es capaz de ir hasta el infierno para estar en compañía de aquel a quien ama. Por ello su popularidad se debe a su carácter tan humano que despierta a varias interpretaciones y temas de gran interés.

A continuación, una serie de obras que interpretan el tema.


Orfeo y Eurídice, Nicolas Poussin, óleo sobre lienzo, 1650.


Orfeo y Eurídice, Frederic Leighton, óleo sobre tela, 1864.


Orfeo de luto por la muerte de Eurídice, Ary Scheffer, óleo sobre lienzo, 1814.


Orfeo y Eurídice, Peter Paul Rubens, óleo sobre lienzo, 1636-1638.


Orfeo y Eurídice, Camille Corot, óleo sobre lienzo, 1861.


Orfeo y Eurídice saliendo del Hades, Rodin, talla en mármol, 1887-1893.


Orfeo y Eurídice, Tiziano, óleo sobre tela, 1508.


Orfeo y Eurídice en los infiernos, Pieter Fris, óleo sobre tela, 1652.


La muerte de Orfeo, Alberto Durero, grabado, 1498.

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